Como siempre: café latte y un libro era lo que me reconfortaba en mis momentos más relajados, ahí estaba, cada sábado, en el mismo lugar, libro tras libro, no podía terminar uno cuando ya seguía comprando otros...
Ese día me sentí diferente, ¿no se por qué?, pero así eran las cosas: me arreglé un poco más de lo normal, cambie el perfume y wow! me veía muy bien.
Estaba leyendo cuando de repente lo miré, entró con sus gafas obscuras, su back pack y un olor... un olor que dejaba por donde pasara. Vió que lo observaba y se acercó a mí:
-Disculpa, he notado que vienes frecuentemente aquí, siempre un latte y la lectura.- Yo no podía creer que ya me había visto y yo nunca, además de que sabía que bebida tomaba! pero ese día insisto, era raro desde primera hora.
-Si, me gusta el café de aquí y es muy cómodo para leer un rato.
-¿Puedo sentarme?
-Claro! -Si el no lo hubiese pedido, lo habría propuesto yo misma.
-Seré sincero, solo quería invitarte a tomar una copa, me llamo Emiliano; sé que nunca hemos hablado pero me gustaría salir en alguna ocasión contigo.
-Esta noche estaré ocupada, pero ¿qué tal mañana?
-¿Conoces el bar que se encuentra a dos cuadras de aquí?
-Si, he ido un par de veces con unos amigos, te parece a las 8?
-Perfecto, nos vemos ahí a las 8 en punto, cuidate...
Y así se fue, sin decir más palabras; mi nerviosismo estaba al tope, cuando me di cuenta que no le dije mi nombre, obvio, no podía pasar una sola ocasión en que un hombre me invitara a salir y no cometiera un error. En ese momento pensé: y si llego antes ¿cómo va a saber por quién preguntar? Soy una tonta... Bueno vere como me las arreglo mañana.
Seguí leyendo un par de horas y me fui, directamente a mi piso, por más que sacaba ropa y ropa y más ropa, no sabía que usar, muchos atuendos y ni uno solo me gustaba. Decidí dormir, ya mañana iré a una de esas tiendas departamentales que le gustan tanto a mi mejor amiga.
Al día siguiente le llamé a mi amiga para contarle lo sucedido y ella feliz por acompañarme. Pasamos muchas horas probandonos todo cuanto encontrabamos y para cuando me di cuenta de la hora ya era tarde. Siempre me pasa lo mismo, pensé. Como pude llegué a mi apartamento, me di una ducha y me cambie, tendría una cita y era importante estar linda. Miré el reloj, ¡demonios! ya era tarde y yo aún no salía. Correr no es precisamente mi especialidad, sin embargo, en esta ocasión me sirvió para ganarle el taxi a un hombre que me hizo recordar a mi madre.
Llegué diez minutos tarde, el estaba ahí esperando por mí. Lo salude y me ofreció la primera copa, sin darme cuenta ya habían pasado tres horas y me decidi a darle un beso después del acercamiento que tuvimos, WOW!!! que beso, de verdad hacía mucho tiempo que no recibía un beso como el que nos dimos: apasionado, dulce, erótico y sobre todo sexy. Pedía a Dios no me permitiera tomar más, eso hubiese sido como la llave que abre el candado de mi apartamento. Seguí tomando aunque ya no al mismo ritmo que antes.
Miré el reloj, ya era tarde -no basta decir que nos besamos casi toda la noche mientras estuvimos en el bar-. Me acompañó hasta la puerta y nos despedimos con un beso más.
No pasó nada, sin embargo esperaba que me llamara al día siguiente, por supuesto ya le había dado mi nombre y el número de mi móvil, no volvería a cometer el mismo error.
Al siguiente día sonó mi telefono y era él, despertandome con un tono de voz como los besos de la noche anterior: muy sexy...
Luna
No hay comentarios:
Publicar un comentario